Como todos los años por estas
fechas suelo quedar con dos amigas de la infancia, del colegio a las que por
motivos de trabajo, vida personal dificultan vernos más a menudo. Pero las
tradiciones están para cumplirlas.
Tenía ganas de verlas, durante
estos meses todas teníamos novedades, acontecimientos que contar, hablar, reír
y pasar un buen rato juntas. Las dos vendrían con sus pequeños, un niño de 2
años y una niña de 10 meses.
De quedar a las 19.30h se
retrasó, previo aviso, a las 20h. No pasa nada, a las 20h ya estaba en el lugar
acordado para verlas. A las 20.02h recibo un whatsapp que dice “llego tarde. 10
min”, pues nada…toca esperar sentada en un banco. A los pocos minutos, recibo
otro whatsapp “yo también llego tarde, sorry”. Lo que eran 10 minutos se
transformó en 30 minutos y el otro caso fueron 50min. Ahí es nada. Si hay algo que
no llevo bien es la impuntualidad, me parece una falta de respeto. Considero
que si quedas con una persona a una hora concreta te tienes que organizar,
planificar para estar puntual o medio puntual en el lugar y a la hora establecida.
Una vez ya en la mesa cenando,
todas las conversaciones giraban en torno a los críos, que si duerme bien, que
si es muy guapa, gracietas varias, que si la lactancia, que si hay que cambiar
el pañal, que si la guardería, el momento parto, usando métodos de
entretenimiento tipo móvil con dibujos, juguetes con sonido, que si se pone a
llorar, que si se escapa y hay que correr tras él....
Reconozco que en algún momento de
la conversación desconecté y me puse a observar a las mesas de mi alrededor, al
igual que reconozco que el momento más bonito fue el tener a la pequeña de 10
meses sentada en mi piernas, su simpatía, su inocencia, su mirada, su sonrisa,
su tacto suave se convirtió en el momento de la noche.
El tema de los niños para mí es
un mundo, un desconocimiento absoluto y un aburrimiento si se trata del único tema
de conversación de la noche. Entiendo sus ganas de conversar, comparar,
preguntar experiencias entre ambas, pero mi sentimiento fue de cero a la
izquierda. Si, para ellas no existía, era transparente! Y poco a poco las ganas
de hablar se me iban quitando.
Varias veces intente
disimuladamente cambiar el tema de conversación (vamos, sacar otro tema) sobre
el trabajo, amigos en común….pero sin éxito alguno.
Tal vez me tenga que acostumbrar por
un tiempo a que mi vida no interese, que hablar de temas personales, de novios,
de amigos, de aficiones, de trabajo pasen a ocupar un plano secundario.
¿Qué he estado algo callada
durante la noche? Normal, no tengo la responsabilidad de criar a un niño, ni
preocupaciones con la comida, ni nadie me dice una palabra tan bonita como “mama”
para intervenir en la conversación, sin embargo si tengo anécdotas, alguna
persona especial por ahí, novedades en materia laboral, entretenimientos varios,
pero eso ya pasó a la historia, eso ya no interesa.
Conclusión: menos mal que estas
quedadas son de año en año
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