sábado, 28 de mayo de 2016

#RedAbierta17: Párate a pensar



Cuando voy sola por la calle me gusta escuchar ráfagas de conversaciones ajenas, sean pequeñas frases de una pareja joven, adulta, grupo de jóvenes, amigas, ancianos sentados en un banco, padres con sus hijos…es algo que me divierte.

El otro día iba en el autobús cuando me adentré en una conversación de una pareja de ancianos. No hablaban mucho, pero la mujer derrochaba ternura a su marido a raudales, le acariciaba la mano, le hablaba, le limpiaba la cara de manera delicada, le ayudaba a levantarse del asiento, a bajarse del autobús….

Dio la casualidad que fueron a bajarse en la misma parada que yo. Cuál fue mi sorpresa al ver que el hombre que estaba cerca de ellos de pie en el autobús entretenido con su móvil y con cara de pocos amigos era…..su hijo!!

Desde el minuto uno que pusieron pie en la acera, el joven comenzó a increparles: “vamos más rápido”, “pero que estás diciendo?”, “así no vamos a ningún lado”, “coño, vamos!”…. ellos siguieron el paso impasibles.

Fueron unas cuantas frases aisladas, pero sentí asco y repugnancia por la situación, ¿Qué derecho tiene a hablarles así?, se cree más importante dando voces o mandando sobre ellos?

Por unos segundos se me pasaron muchas cosas por la mente…esos ancianos no se encontraban en plenas facultades, ni físicas ni psíquicas, y son conscientes de ello, sin embargo su hijo no lo ve o no quiere verlo y los trata con desprecio.

Todos nos hacemos mayores, y debemos y tenemos que asumir que nuestros padres se hacen mayores, el ritmo de actividad no puede ser el mismo que años atrás, las fuerzas flaquean, las piernas se vuelven torpes, la cabeza en ocasiones se va para no volver, las enfermedades aparecen, y finalmente el corazón se para.    
 
Hay que ser consecuente con los tiempos, asumir que los padres no son eternos, que sus facultades fallan, que llegará el día en que nos falten, al igual que llegará tu día, antes o después. Acéptalo, es ley de vida. Que no llegue el día en que te arrepientas de esas subidas de tono a destiempo, de ese trato vejatorio, de esa mirada cargada de malestar. No, muéstrale tú apoyo, sé cercano, cómplice en sus actos, comparte tú tiempo con ellos, disfruta con ellos, enséñale una nueva visión de lo que le rodea, no te avergüences, abrázalos y quiérelos mucho. 

Ellos siempre han estado ahí, te han tendido la mano en los buenos y malos momentos, por qué no hacer tú lo mismo?.

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