Desde aquel mes de marzo, nada ha
sido igual…..
Como dice la letra “algo se muere
en el alma, cuando un amigo se va” y desde ese día cobra sentido y significado
esa frase.
Pasamos por el mundo de manera
acelerada, llevados por la rutina, el estrés diario y pensando que “eso” a
nosotros no nos va a pasar.
No hay nada más duro que ver
marchar a un ser querido, y si ese ser querido es tú hija con ventitantos años,
el mazazo es mayor…
Amigas desde la infancia,
excursiones a la montaña, viajes con miles de anécdotas, confesiones de primeros amores, compañera de
tapas, de juergas, de bailes en discotecas, de risas, sufridoras de nervios en
fecha de exámenes, largos en la piscina,
chapuzones en las playas de nuestra Andalucía.
Luchadora nata, sonrisa dibujada
en la cara desde el primer diagnóstico hasta su final, de familia humilde,
unida y con una alegría que ha ido menguando con el tiempo.
Tiendes a pensar erróneamente que
no vas a ver de cerca al cáncer, hasta que la vida te da una hostia con la mano
bien abierta.
La muerte de alguien cercano en
plena juventud te lleva a una profundad tristeza y una sensación de vacío difícil
de suplir, cuyo único consuelo es pensar que por fin puede descansar en paz.
Valor, coraje, fuerza, y todos
mis respetos a unos padres, abuelos y hermano que han visto marchar a su hija,
nieta y hermana. Impotencia siente una al ver que no puede hacer nada por
ellos, que su hija no va a volver y ese dolor infinito por siempre estará.
Dicen que el tiempo lo cura todo,
y que incluso ayuda a olvidar, sin embargo desde ese día nada volvió a ser
igual, las tapas con las amigas no saben lo mismo, los conciertos en Planta Baja
carecen de fuerza y vibración, el senderismo sin tropiezos de por medio es
insulso, faltan ahogadas inesperadas en las tardes de verano.
Se intenta normalizar, sin
embargo se cambia de acera para evitar saludar a un miembro de su familia, no
es cobardía, llámalo mejor “no haberlo superado”.
Hoy por hoy sé que no conoceré a
una persona como ella, que nadie ocupará su lugar y que por siempre habrá un
hueco en mi corazón.
A cada uno, nos toca vivir una
vida, no sé si el camino está escrito, pero hay que disfrutar de cada instante,
no acobardarse, echarle huevos a la vida, luchar por lo que a uno le guste, pasar
de la gente toxica que pululan a nuestro alrededor, sonreír, reírse de uno
mismo, y sobre todo VIVIR.
Y sí, lo reafirmo, cuando un
amigo se va, algo se muere en el alma….
Va por ti.